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| Puerto Príncipe, herida, busca poco a poco reanudar su vida |
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Puerto Príncipe, herida, busca poco a poco reanudar su vida
Las endebles paredes de las miles de edificaciones derribadas por el sismo del día 12 de enero en Puerto Príncipe son, poco a poco, desbaratadas por brigadas de haitianos que, muy lentamente, cambian el panorama de la ciudad.
Este movimiento lo origina, además de la acción humanitaria y de afectados, el interés de dueños de mansiones y establecimientos derruidos en el centro de la ciudad, en Petionville y otros lugares de la periferia, quienes contratan a cuadrillas que, a mandarria batiente, pulverizan las partes cementadas de techos, paredes y otras porciones.
En los lugares donde existieron tiendas, grandes y pequeños mercados, se rescatan los productos y se trasladan hacia otros sitios para comercializarlos.
Porque, a 20 días de la catástrofe, la vida manifiesta, en el centro y demás territorios de esta capital, una actividad comercial extendida de los vendedores informales, como antes de ocurrir el terremoto.
Andamios constructivos sostienen a albañiles y ayudantes en la reposición de los muros de mansiones en Petionville, como primera acción, para continuar después al interior en la reparación de las casas de mediano o gran lujo.
Otros, con menos suerte, escarban en los montones de piedra y tierra de sus modestas residencias convertidas literalmente en polvo, para encontrar los cuerpos de sus seres queridos.
Y están los que nunca faltan, los aprovechados, compuestos, de una parte, por quienes siempre han tenido carencias y ven en este panorama cómo hacerse de algunos artículos enterrados bajo los desechos y, de otra, por los maleantes que, organizados o individualmente, se apoderan de todo lo que esté abandonado para luego lucrar.
También hay cientos -y quizás hasta más- de individuos, que con herramientas rústicas, a veces con seguetas o con las propias manos, horadan, desnudan el entramado de cabillas, tuberías, cables eléctricos entre las lomas de escombros y hacen un alijo con ellos para ofertarlos y hacerse, con cierta honradez, de algún dinero para subsistir.
Igualmente se ven, con mas asiduidad por estos días, a hombres y mujeres que, con uniformes y nasobucos, escarban con palas y otras piezas en los sitios derruidos, extraen cadáveres, los depositan en camiones y otros vehículos para su traslado fuera del lugar.
La basura extendida en la ciudad es eliminada lentamente
por grupos de personas con pulóveres u otra pieza identificativa, que barren en algunas calles y apilan esos desperdicios para ser recogidos por unos pocos camiones destinados a ello.
Así, con una cotidianeidad sorprendente, la vida va retornando a este Puerto Príncipe herido. |